Complicado, ¿verdad?
Uno ha probado tantos platos a lo largo de su vida, queriéndolo o sin querer, pero ha probado tantos que llega un momento en el que ya ni se acuerda de todos. El sushi ha sido mi última novedad en mi menú. Por ejemplo, ¿quién se acuerda de los sabores de los potitos que tomaba cuando era bebé? Nadie. Es más, a mí me gustaría probar uno de mis sobrinos para saber cómo sabían y comprobar si quizá me acuerdo de algún pequeño detalle de aquella época. Pero lo veo poco probable, además que no quiero dejar a ninguno de mis sobrinos sin comida.
Luego uno recuerdo el momento en el que empieza a comer alimentos sólidos, en el que va descubriendo las cosas. Primero te encantan los huevos fritos, te encanta mojar las patatas fritas en la yema y comértelo todo. Sin embargo, un día, descubres en el colegio que los pollitos vienen de los huevos… crisis existencial, y empiezas a darle vueltas a la cabeza y a pensar: ¿me estoy comiendo a un pollito? Desde ese día, un servidor no es capaz de comerse un huevo frito. Ni frito ni cocido ni estrellado. Entonces me paso a la pizza margarita, solamente puedo comer los huevos de la tortilla francesa o revueltos sin que se vea mucho que es un huevo. Estuve tiempo sin comer tortilla precisamente porque llevaba huevo y mi madre tardó años en hacerme comprender que muchas cosas que comía, sin que yo lo supiera, también llevaban huevo, ya veis… los ninos que somos muy inteligentes.
Así, podríamos seguir hablando de traumas infantiles de unos y de otros, hablando de comidas que de pequeño no te gustan y sin embargo de mayor te encantan. Hablando de los diferentes sabores que hemos ido probando y cómo han ido cambiando los gustos de cada uno de nosotros. Hablando, al fin y al cabo, de nuestras vidas. Hoy en día existen servicios a domicilio de comida como elpedido.es que nos ayudan a poder comer de todo.